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domingo, 30 de junio de 2013

Si somos una cáritas que no siente, no somos cáritas


Del 28 al 30 de junio ha tenido lugar en la Casa de Ejercicios San José de El Escorial la 70ª Asamblea de las Cáritas de las Diócesis de la Conferencia Episcopal Española, reunión que anualmente convoca a los representantes de estas instituciones de la Iglesia, presididos por D. Alfonso Millán, obispo delegado por la CEE para Cáritas.

El análisis de los últimos cuatro años ha evaluado la importancia de vivir en las fronteras, porque cáritas ha nacido para ir, estar y compartir aquellos lugares y personas donde hay dolor y sufrimiento. Solo con los sentimientos de Cristo, “corazonando” la realidad sufriente podemos sentir y compartir, sustentado por el Espíritu, pues sólo Él es capaz de convertir la fuerza en debilidad.

Siempre tenemos el peligro presente, peligro de la enfermedad más que del accidente, porque todos nos quieren, porque tenemos muchas medallas, reconocimientos, en todos lados nos abren las puertas, eso no es mal y ciertamente es de agradecer, pero también es motivo para que llevemos a la reflexión y al discernimiento los aplausos del mundo, porque cuando existe  tanto cariño y fervor, algo nos pasa.

Debemos evitar la mundanidad espiritual, que agradece que estemos en el centro y no en la periferia; estamos llamados a vivir en la periferia, fuera de la ciudad, como fue el lugar en el que el Redentor entregó su vida y salvo al mundo. Si somos una cáritas que no siente, no somos cáritas; sentir la realidad es mostrar la realidad. Cáritas ha de generar caridad, fruto. No podemos estar en la realidad sin aspirar a otra realidad.

“No se trata de socorrer a muchos pobres, se trata de decir que este modelo no sirve”, nos dice elpapa Francisco

A veces tenemos muchas ganas, pero nos cansamos pronto. Estamos viviendo una realidad que se mueve muy poco, por eso es importante la espiritualidad, vivir unido siempre al Señor. La espiritualidad debe encarnarnos en los dolores del mundo, sintiéndonos acogidos por el Padre de los Pobres..

“El escándalo de la pobreza y la exclusión nos rompe el alma” decía el Papa. Nos hemos acostumbrado a la pobreza y nos parece que vivir con ella es absolutamente normal, y sigue siendo un escándalo en este mundo donde tantas riquezas hay. Tenemos que ser personas removidas por dentro e indignados con el sufrimiento de nuestros hermanos.

Es importante el compromiso de las personas que se implican en Cáritas y en otros espacios civiles y eclesiales, ellas son frutos del Espíritu, así se ha denotado en los últimos años en el incremento sostenido en los últimos años de financiación privada, en familias desfondadas pero que comparten lo necesario, en el aumento de la solidaridad informal, entre personas, vecinos, etc., en la potenciación del voluntariado.

La desmoralización social nos convoca a buscar primero el Reino de Dios y su Justicia. No podemos perder el sentido y misión, como algunas organizaciones que solo piensan en sobrevivir como tales cuando se les ha acabado la financiación pública o privada y que algunas has llegado al “todo vale” para captar recursos. Tampoco podemos olvidar a los migrantes a los que hemos reclamado con anhelo para que colaboraran en nuestra sociedad del bienestar y ahora enviamos a sus hogares o los tratamos como mercadería y no como personas. Ni que decir tiene que se impone la frase “primero a los nuestros y luego a los de afuera” o “la caridad empieza primero por casa” con lo que estamos abandonando a ayuda al Tercer Mundo y la solidaridad con los que llevan en crisis profunda toda la vida; a nosotros como Católicos-Universales no se nos puede ni pasar por la cabeza.

“La política desnortada clama por un compromiso decidido de los cristianos para construir el bien común” Benedicto XVI.

Las personas vulnerables, los más débiles desde luego no son lo primero en importancia. La política está pasando de cumplir su misión de garantizar derechos a gestionar comedores o bancos de alimentos, porque esto es siempre más fácil para ellos que crear leyes que miden las consecuencias sociales de su promulgación. Se han erosionado las políticas sociales y continúan erosionándose; el futuro no es nada halagador.

Por eso en esta Asamblea, las Cáritas de España ha renovado los siguientes compromisos:
  • Estar presente con los últimos y no atendidos, de otra manera no seríamos cristianos, porque el cristiano no es un ser que reparte, sino una persona que comparte.
  • Formar más y mejor a los voluntarios y trabajadores; más formación para mejor servir.
  • Impulsar a nuestras comunidades eclesiales facilitando que la Iglesia sea más dinámica y más comprometida en el mundo.
  • Construir una presencia pública cualificada desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.  

“Salir a las periferias sociales y existencias… y volver para compartirlo” Francisco, exige riesgo y creatividad, comunión y  eclesialidad de contraste.

Debemos tener un discernimiento constante, las personas y los grupos para avivar una conciencia que nos ayude a hacernos cargo de la realidad, con compromiso y ternura de rostro, y espiritualidad encarnada para cargar con el sufrimiento de los hermanos.

sábado, 23 de marzo de 2013

Pasión de Cristo, pasión del mundo


Hace unos años se publicó un libro que se titulaba “Pasión de Cristo, pasión del mundo” nombre sobradamente significativo, que se viene a la memoria ante los duros datos que ofrece el Informe Foessa, publicado en esta semana de pasión.

Resumiéndolo de manera somera podríamos decir que se intensifican los procesos de empobrecimiento y es que las cifras son estremecedoras. Y si los datos son preocupantes a nivel nacional, cuando analizamos la que tenemos más cercana vemos que en Sevilla la tasa de paro pasó del 12´96% en 2007 (110.000 personas) al 32,56% (302.500 personas) en 2012, que son nuestros vecinos los más de 90.000 hogares donde todos sus componentes están parados, sin hablar de que más de la mitad de los jóvenes que buscan trabajo están en paro y los terribles dramas que están viviendo tantas personas que ven como pasa el tiempo, se le acaban todo tipo de ayudas y entran en un mundo de desesperanza.

Amplia brecha que se ha abierto entre las personas empobrecidas y el resto de la sociedad que tiene más posibilidad de acceso a bienes y servicios; amplia brecha que sigue ensanchándose de manera alarmante.

El paro estructural y una realidad social en España donde los mecanismos de aseguramiento de la sociedad se han debilitado y políticas de austeridad han generado una mayor vulnerabilidad de la sociedad española, se están cebando con los más débiles.

Como también expresa claramente el informe, no podemos tampoco olvidar a aquellas personas que en distintas partes del mundo viven en crisis como forma habitual de su existir. Mal católicos (universales) seríamos si cayésemos en la ladina tentación de atender a los más cercanos y olvidar al resto.

Cristo sigue presente en su pasión en tantas personas que sufren. No son números, son personas que tienen su particular calvario en su vida diaria.

Con fe sabemos que el Señor sufrió su pasión y muerte por todos y cada uno de nosotros y que día a día hace presente su entrega salvadora en nuestras vidas, y de manera real y actual en la Eucaristía. El amor al que se entregó por nosotros, nos ha de llevar a trabajar constantemente por sembrar esperanza, a destruir estructuras de injusticia, a defender a los más pobres, a los que no cuentan para la sociedad, porque desde Jesús otro mundo es posible.

Que la fuerza de la caridad de Cristo y la de cada uno de nosotros unida a la de Él, haga brotar la fuerza de la Resurrección a la que Dios nos tiene convocados a todos.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La forma de vida de Jesús


 
El tiempo de Adviento es un buen momento para reflexionar sobre la venida del Señor y algunos de las implicaciones que ello conlleva a la vida de los creyentes.

Jesús es la concreción real de la misericordia de Dios y en con su venida ha hecho realidad palpable la cercanía y solidaridad del Altísimo; se ha presentado el modelo creíble de la opción por los pobres y necesitados. 

Realmente la Encarnación del Verbo es un empobrecimiento de Dios, porque el Hijo se vacía de los recursos del poder y de la majestad del mundo, para convertirse en “El pobre por antonomasia”, el que se despeja de su interés propio para entregarse a la misión que el Padre le había encomendado, para no cerrarse en sus propias conveniencias, sino para actuar en favor de los demás, siendo servidor y no servido por los demás.

Para Jesús la pobreza se convierte en una forma de vida, que hace presente lo más particular de su persona y de la vez del mismo ser de Dios: estar abierto a los demás, eliminar barreras de la exclusión y de la marginación, acoger al que se encuentra solo y abandonado, despojarse de lo propio para compartir, renunciar a las riquezas que se obtienen a costa de los demás y ofrecer lo suyo siempre para compartir. El acercamiento y la solidaridad en la vida de Jesús llegan hasta el nivel de identificarse con los más pobres, a hacerse pobre con los pobres.

A nuestro alcance tenemos la gran analogía entre la presencia de Jesús en la Eucaristía y en los pobres. El pan consagrado y compartido en la misa, es el cuerpo entregado del Señor.  Desde la Eucaristía nos está llamando para que como el samaritano nos hagamos prójimos, porque Él está en los pobres y en ellos quiere ser atendido.

Ojalá sea este nuestro regalo, ante esta navidad.

viernes, 10 de agosto de 2012

Ante el momento actual


Si queremos definir la situación actual, podemos decir que la clave que la define es la situación de incertidumbre, de desconcierto, donde no sabemos dónde estamos y no conocemos mañana qué nos va a pasar. Cualquier noticia o posible solución planteada en el día de hoy, mañana es cambiada por el gurú de turno y la perplejidad es la nota que a todos nos domina.

Ciertamente estamos en una situación imprevisible en su comienzo, imprevisible en su desarrollo e imprevisible en el futuro.

Momento de amplia complejidad, donde las soluciones no son fáciles y donde las ideas claras y sencillas no son siempre la respuesta adecuada, sino que se precisan de soluciones complejas ante la interrelación de tantos y tan variados elementos.

En este mundo, en esta realidad Cáritas no se cansa de proclamar que la pobreza es cada vez más extensa, más intensa y más crónica.

Vivimos en un mundo cada vez más desigual y más dual, es constatable la fractura social que se está gestando. Es un mundo roto, en un mundo fragmentado, que está viviendo como en dolores de parto. Dios cada vez se hace más presente en los latidos de su ausencia.

Raro es el día en que no constatamos una nueva erosión de los derechos sociales y la protección social hacia las personas. Lo que hace pocos años nos parecía evidente y escaso, y hablábamos de incrementarlo y extenderlo a otros colectivos, ahora se nos pone entre comillas.

Y en este contexto, a Cáritas se le ve, no como una institución que realiza una función complementaria y subsidiaria, sino como una de las pocas organizaciones responsable del trabajo con los más débiles. Es preciso tener un cuidado especial con ello, pues los organismos oficiales no pueden hacer dejación de su misión de amparar a los ciudadanos, sobre todo a los más débiles. Como especifica el artículo 12 de los Derechos Humanos, toda persona tiene derecho “a la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.”

Si vivimos en un mundo más pobre, tenemos que profundizar en trabajar por un mundo más justo.

El retomar que en el centro de la vida social está la persona, con su plena dignidad como imagen de Dios, es un planteamiento básico, por lo que no hemos de poner límite a lo que es humanizar, a lo que es tener una vida digna. “Ante todo la justicia. Ubi societas, ibi ius: toda sociedad elabora un sistema propio de justicia” Cáritas in veritate 6.

Hemos pasado de la crisis de la coyuntura a la crisis de la estructura. Hemos de pasar de la crisis de la emergencia, a construir un nuevo modelo de vida, a unos nuevos valores a compartir. Tenemos que analizar y constatar qué podemos construir, que debemos construir, cual es nuestro espacio para construir.

Tenemos que empezar a construir camino, sabiendo que no lo podemos todo, que no lo debemos todos y que son muchas las limitaciones en nuestro hacer y en nuestro proceder.

La vida verdadera es inexorablemente invención. Tenemos que inventarnos nuestra propia existencia nuestra acción y a la vez este invento no puede ser caprichoso, sino sabiendo que están en juego nuestros hermanos.

El desánimo y desmoralización se instalan; estamos jugando una batalla donde nos parece que ya la hemos perdido. Necesitamos la esperanza, el tono vital para estar en la lucha. Sin esperanza, hemos perdido la batalla.

Constatamos como va naciendo un sentimiento de prejuicio hacia las personas excluidas y es que la pobreza se puede visibilizar por olvido o por saturación. Esto es tremendamente peligroso ya que desde la misma saturación se está volviendo a la invisibilización.

Una pobreza que se hace más extensa está haciendo invisible a una exclusión más severa, muy profunda, a la exclusión de los últimos de los últimos. No podemos dejar de tener muy presente a los últimos.

Hemos que hablar de personas. Cuando se habla de derechos en vez de los derechos de esta persona en concreto, de asegurados en vez de personas aseguradas, de parados en vez de personas humanas que sufren la injusticia de no contar con un trabajo, de desahucios en vez de familias desahuciadas que dejan de gozar de este derecho, es preciso tener muy presente que son personas, no casos. Tenemos que trabajar por la personalización y la humanización.

“Los últimos serán los primeros, los primeros serán los últimos”, esta frase del Evangelio de Mateo ha de ser la norma que ha de guiar la acción de Cáritas, es la norma que ha de guiar nuestro actuar. Cristo se hace presente en ellos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

¿Qué es ser excluido? “Lo que nadie quiere”.

El Seminario Menor de Sevilla visita el Centro Amigo


 Apenas llevaba un mes siendo voluntaria en Cáritas Diocesana de Sevilla cuando me ofrecieron la oportunidad de ir en nombre de Comunicación a Centro Amigo, con motivo de la visita del Seminario Menor de Sevilla, para sacar fotografías del evento.

En realidad es sorprendente lo rápido que puedes sentirte parte de algo. En Comunicación me acogieron con ganas, y rápidamente empezaron a contar conmigo de verdad. Supongo que sentirse útil para los demás, para Dios, es una sensación irremediablemente hermosa.

Hacía apenas dos días que había acudido a Centro Amigo para conocerlo. Era un centro de acogida para personas sin hogar, inmerso en un proyecto llamado Vínculo en el que se incluyen otros dos centros para atender a otras necesidades. En Centro Amigo se ofrece alojamiento, alimento, educación, formación, etc., no con un carácter asistencial, sino promocional, con el fin de reinsertar en la sociedad, de nuevo, a estas personas. Al conocerlas, empecé a cuestionarme aspectos en los que, posiblemente, no había pensado antes: ¿cuándo una persona deja de ser persona? ¿Cuándo un derecho deja de ser derecho? ¿Desde cuándo la posesión material y económica hace más humana a las personas, y menos a quienes nada de eso tienen? ¿Quién se cree con derecho a juzgar la suerte de estas personas, sin haberse puesto en sus zapatos?



Cuando llegó el Seminario Menor y se unió a la merienda con los acogidos y voluntarios, hubo un momento en el que me di cuenta de que no sabría distinguir a un acogido o acogida de un voluntario o voluntaria. Y eso está bien, porque nadie es mejor o peor, sino diferente. ¡Qué valor tener voluntad para salir de la calle! ¡Pero qué bondad también para quienes de manera altruista colaboran a que esto sea posible!
El Seminario Menor es un grupo de jóvenes con vocación al sacerdocio, y con el apoyo de unos sacerdotes-formadores y un padre espiritual, van descubriendo cuál es la llamada concreta del Señor a seguirle. La primera impresión que tuve fue de sorpresa. Chavales de 13 a 18 años entraban por la puerta del Centro.

Después de la merienda, hubo una charla en la que se les explicó cómo funcionaba Centro Amigo, y se les permitió espacio para hacer preguntas sobre las inquietudes o dudas que pudieran tener. Algunas de las reflexiones que tuvieron lugar en aquel encuentro fueron... ¿Qué es ser excluido? “Lo que nadie quiere”. ¿Nacen las personas excluidas? Algunas sí, y otras no, depende de las condiciones familiares y contextuales de la persona. Si todos somos ciudadanos, todos deberíamos tener derecho a serlo de verdad, sin embargo, esto no es así.
Centro Amigo se encarga también de la educación de estas personas en cuanto a las relaciones sociales: cómo respetar el turno de palabra, cómo pedir una cita, cómo hablar, cómo dormir... Y el colectivo al que atiende es aquel que se encuentra olvidado, “el que nadie quiere”, del que nadie se ocupa; de las personas que llevan más de ocho o diez años en la calle y han perdido todo lazo de unión con la sociedad.

El sacerdote que acompañaba a los jóvenes, dijo que la labor de Cáritas, de Centro Amigo, era diferente a las demás, ya que no “se ayuda” a las personas, sino que “se las ama de corazón y con la fe”.

Después se les enseñó la casa, hasta culminar en la pequeña capilla (una habitación pequeña, con Cristo en la cruz frente a la puerta, con velas en un pequeño altar y sillas alrededor pegadas a la pared). Apenas entrábamos todos. Yo me quedé en la puerta. Fui testigo de lo hermoso que es ver a jóvenes arrodillarse ante la cruz, sintiendo la fe que emana de sus actos. Fue uno de estos chicos quien me ofreció el poema que íbamos a leer antes de la oración conjunta. Profunda, bella, y escrita por las personas en acogida.

Al acabar, llegó el momento de la despedida. Hablé con uno de los chicos del Seminario Menor. Creo que si tuviera que resumir sus palabras a mi pregunta de ¿qué te movió a acercarte al mundo del sacerdocio?, lo haría así “porque siento que es la manera en la que Dios quiere que me dé al mundo”. Hay personas que parecen realmente tocadas por Dios, que ya hablen o callen, trasmiten una sensación de paz, de seguridad, que otras no. Este chico fue quien, tras haber preguntado qué me movía a ser voluntaria, me citó el siguiente fragmento bíblico, llegando a emocionarme:

34 Entonces el rey dirá a los de su derecha: ‘¡Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde el comienzo del mundo! 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; 36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme. 37 Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo y te vestimos?, 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 40 Y el rey les dirá: en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis.” (Mateo 25, 34-41)

Quizás deberíamos replantearnos la manera en la que tratamos (si es que llegamos a tratarlas) a las personas que no tienen hogar y viven en la calle. Si somos de esos que pasan de largo, como si no fueran nadie; o somos conscientes de que tienen nombre, historia (pasado), y un futuro incierto, como nosotros. Si sabemos que son personas maltratadas por una sociedad que ha olvidado al ser humano, por un mundo que parece haber elevado el capital económico por encima de nuestras cabezas. Si somos conscientes de que no debemos aceptar que siga habiendo personas en la calle, que no podemos asumir esa realidad como algo inmutable. Dios está siempre y en todas partes, llamándonos a  actuar, a darnos al prójimo, “a amar de corazón y con la fe”, porque sólo así se cambia el mundo. Y aunque a veces sintamos que lo que hacemos, no sirve de nada, podemos recordar las palabras de nuestra Madre Teresa de Calcuta: “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.”
Que Dios os bendiga.
María Beltrán Catalán
Miembro del equipo de Comunicación
Cáritas Diocesana de Sevilla

jueves, 3 de noviembre de 2011

LA CARIDAD ACTIVA ANTE LA CRISIS

Los datos que en estos últimos días ha presentado la Encuesta de Población Activa, en relación al desempleo, son apabullantes. Estamos batiendo records en el número de parado y ante la frialdad de las estadísticas, que en este momento ni siquiera se perciben como frías, sino como hirvientes, está el drama humano de cada una de las personas, de las familias que se encuentran en esta terrible situación.
Cinco millones de parados, o 4.360.926 personas para ser exactos es el resultado del aumento de 144.700 personas en el tercer trimestre del año, lo que ha situado la tasa del desempleo en el 21,52%, porcentaje que en el peor de los casos hace unos años era imposible de imaginar. Solo un tercio de la población española tiene trabajo.
Tenemos 2.117.300 personas que perdieron su empleo hace más de un año, el 42,5%, casi la mitad, del total de los que no tienen trabajo.
Como siempre las mujeres llevan las de perder ya que la tasa de paro femenina es mayor que la masculina, un 22,10% frente al 21,04% de varones.
Cuando nos centramos en nuestra Andalucía, el número de personas paradas ascienden ya 1.232.900 personas, con lo que superamos el 30% del total de nuestra población, pero no solo eso, en este periodo, el 37,3% de los nuevos desempleados son residentes en nuestra Comunidad. Con respecto a los parados de larga duración hemos llegado a la cifra alarmante del 48%, casi la mitad del total de los desempleados 592.200 personas. Con estos número de denota claramente que el paro es una lacra estructural en nuestra sociedad andaluza. Estos números provocan que cerca de 400.000 hogares lo forman familias andaluzas en la que todos sus miembros están sin  empleo.
Al contemplar nuestra diócesis de Sevilla,  tenemos 257.500 personas en paro, el 28% de la población de nuestra provincia, con 87.200 familias en las que ninguno de sus miembros tiene trabajo. En el último mes en Sevilla se han destruido 7.000 empleos.
El panorama es sombrío, fruto de una estructura social que solo tiene presente los beneficios económicos y la persona queda supeditada ser un elemento más en la cadena productiva. Hay que ser consciente de que cada uno de nosotros con nuestra actitud, con nuestras opciones de vida, con nuestros valores, podemos inferir en mantener este forma de gestionar la economía y el mundo o mediante acciones concretas, pequeñas, pero contundentes en nuestro ámbito podemos ir trabajando para que el fondo que ha provocado esta crisis vaya destruyéndose y apareciendo una sociedad más sostenible, más justa, más humana, más cristiana. Si de verdad creemos en el Señor de la Vida hemos de contemplar su manera de actuar, en lo pequeño, en lo que no cuenta a los ojos del hombre, pero que es grandeza a los ojos de Dios.
No podemos perder la esperanza, no es tiempo de perdedores y no en el sentido economicista, sino en el sentido cristiano. En este tiempo de dureza, los cristianos tenemos la gran tarea de llevar los valores del Evangelio, sembrar a tiempo y destiempo ante los que tenemos al lado, con la esperanza que nos da la fe en Cristo, con ayuda de poner todas las capacidades con que el Señor nos ha dotado para echar una mano a los más débiles, con la denuncia profética, en la confianza de que se cumplirá el Libro del Apocalipsis “ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron y no amaron tanto su vida, que temieran la muerte”, el “a Dios rogando, pero con el mazo dando”, pero mejor dicho.

miércoles, 12 de octubre de 2011

OBJETIVOS DEL MILENO. ERRADICAR LA POBREZA EN 2015.

Resulta evidente que hemos construido una sociedad, un mundo donde las diferencias sociales, la distribución de los recursos existentes en nuestro planeta es cada vez más escandalosa. La brecha existente entre los países del primer mundo y los del tercer o cuarto mundo, entre los ricos y los pobres aumenta día a día y ello repercute, no ya solo en las condiciones que sufren los más vulnerables, sino en la propia vida de los más pobres.

La Iglesia, a través de los tiempos, y en los últimos periodos a través de su Doctrina Social, no ha parado de denunciar estas situaciones de injusticia, urgiendo a los pueblos y a cada hombre a tomar una actitud proactiva y creativa para luchar contra esta lacra, indigna de un mundo que quiere ser humano.
Unidos a las personas e instituciones que luchan día a día por un mundo más justo y solidario, Cáritas y por tanto la Iglesia apoya los Objetivos del Milenio en línea con la civilización de la justicia y el amor, trabajando por eliminar las estructuras de pecado y hacer surgir caminos de vida y humanidad.
Trabajando por una sociedad más justa, Cáritas lucha por una sociedad más justa y humana, por un auténtico desarrollo de la persona, por una cultura de vida y desarrollo, donde la dignidad de la persona es el centro de todas sus actuaciones.
Objetivos del Milenio. Erradicar la pobreza en 2015.
ü  Erradicar la pobreza extrema y el hambre
ü  Educación universal
ü  Igualdad entre los géneros
ü  Reducir la mortalidad de niños
ü  Mejorar la salud materna
ü  Combatir el SIDA/VHS
ü  Sostenibilidad del medio ambiente
ü  Fomentar una alianza mundial para el desarrollo

Pueden parecer objetivos muy ambiciosos, ante la situación actual del mundo, pero realmente, los Objetivos del Milenio son sólo los puntos mínimos y básicos precisos para la construcción de un mundo mejor.
La importancia de estos Objetivos y la necesidad de que todas las personas de buena voluntad trabajemos por ellos es porque son objetivos de desarrollo, de realización de derechos humanos fundamentales; por estar centrados en la persona como ser humano; porque es posible mediarlos, tabularlos comprobarlos en un plazo determinado; porque, por esta vez, se cuanta con un apoyo político sin precedentes; porque obligan, tanto a los países desarrollados, como los que están en vías de desarrollo; porque son alcanzables y realistas, no son una quimera; porque el logro de uno, repercute en el logro de todos; y porque su consecución favorecerá el desarrollo y la vida de todos los pueblos, de toda la humanidad.
La lucha y consecución por los Objetivos del Milenio, contribuirá al trabajo cristiano por hacer un mundo más humano y fraterno, por preparar el camino al Reino de Dios.  

sábado, 17 de septiembre de 2011

MOVIDOS POR EL AMOR DE CRISTO

Estoy en medio de vosotros como el que sirve (Lc 22,27). Estas palabras del Señor Jesús son las que centran la vocación y la misión de los voluntarios de cáritas.

La Palabra de Dios nos encarga el cuidado de los huérfanos, las viudas, los pobres y extranjeros, pues no podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos si no amamos al prójimo a quien vemos.

La parroquia, la comunidad cristiana es una comunidad de servidores a ejemplo  de Cristo que vino no para ser servido sino para servir (Mt. 20,28). Somos comunidad de servidores: amando al prójimo, sirviendo a los  demás, defendiendo sus derechos, especialmente de los más pobres  y necesitados, defendiendo las injusticias, siendo solidarios con todos los pueblos, con todas las  personas.

El Arzobispo de Sevilla y su Obispo Auxiliar a comienzos de este curso pastoral ha situado la caridad como una de las prioridades pastorales. Nos dice: invitamos a todos a mantener y acrecentar el trabajo en favor de los necesitados, con renovado tesón en las tristísimas circunstancias que estamos viviendo, pues como nos enseña el Papa Benedicto XVI en la encíclica Caritas in Veritate, la caridad “da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macrorelaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”

El obispo es el responsable de la acción caritativa de la Iglesia que preside, responsabilidad que en cada parroquia tiene el sacerdote, hombre de la caridad. Todos los cristianos hemos de ser servidores en las distintas acciones de nuestra vida. Ello no quita para que algunos de nuestros hermanos y hermanas se sientan llamados especialmente a servir, en nombre de todos nosotros, a las personas pobres que acuden pidiendo ayuda a nuestra comunidad. Son los voluntarios de cáritas.

No son como un apéndice de nuestra parroquia, son nuestra parroquia sirviendo a los pobres, por medio de ellos. Y no solo eso, han de ser personas que nos trasmitan las necesidades y dificultades que sufren nuestros hermanos los pobres, que vienen a nuestra comunidad pidiendo nuestra ayuda, sensibilizándonos de la realidad de la pobreza que sufren tantas personas.

La Iglesia es rica y generosa en voluntariado, cosa que podemos afirmar mirando la presencia de los cristianos allí donde hay pobres, enfermos, personas abandonadas y seres humanos excluidos.

No dice el Papa Benedicto XVI en la encíclica “Deus caritas est” que las personas colaboradoras de la Iglesia en el servicio de la caridad “han de ser personas movidas ante todo por el amor de Cristo, personas cuyo corazón ha sido conquistado por Cristo con su amor, despertando en ellos el amor al prójimo. El criterio inspirador de su actuación debería ser lo que se dice en la segunda carta a los Corintios: «Nos apremia el amor de Cristo».

La vida espiritual para el voluntario de cáritas es fundamental. El voluntario tiene que ser persona que encuentre en la Eucaristía su fuerza y alimento. En ella ha de hacer presente que amor a Dios y amor al prójimo son inseparables  y que «cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios». A ella ha de llevar todo el dolor que encuentra en los demás y ponerlo en las manos del Padre de Misericordia.

Celebrar la Eucaristía y estar al servicio de los otros, en especial de los pobres, son dos formas inseparables de recordar a Jesús.

Ser voluntario es ser un miembro activo y unido a la Iglesia, a la parroquia concreta, en cuyo nombre realiza su misión y a la cual lleva las penas y alegrías de su servicio. La Iglesia es en sí misma como un cuerpo hecho de miembros que ponen cada uno lo mejor de sí mismo al servicio de los otros: unos su capacidad de enseñar, otros su don de profetizar, otros su don de curar, otros su oración desde el lecho del dolor, otros su don de servir a los más pobres y repartir el pan, todos su capacidad de amar.

Los voluntarios son ungidos por el Espíritu para ser Buena Noticia para los pobres. Por ello han de sentirse llamados y enviados por el Señor en el seno de la comunidad cristiana para ser manifestación y testimonio del amor de Dios. Sentir que el servicio, como vocación divina, como un verdadero ministerio de la caridad tan digno y necesario en la Iglesia y en el mundo como cualquier otro. Pero siempre sin olvidar que este servicio, aunque les compete de manera individual, es también tarea que compete a toda la comunidad eclesial. Por ello han de vivirlo como una verdadera vocación, pero muy en comunión con la vida y misión de vuestra comunidad cristiana.

El servicio a la caridad es mirar a los pobres con los ojos de Dios y amarlos con el corazón de Dios. Los voluntarios han de cuidar no caer en la tentación de vivir el servicio caritativo y social sin la experiencia de Dios en la Eucaristía y en los hermanos.





Trabajamos por la justicia y hay que dar a cada uno lo suyo, lo que le pertenece, lo que le corresponde en justicia. Pero la caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo mío al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es «suyo», lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar. No puedo dar al otro de lo mío, sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde. Quien ama con caridad a los demás, es ante todo justo con ellos.

Es necesario recuperar la centralidad y el protagonismo de la persona y promover su desarrollo integral. El auténtico desarrollo humano afecta a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones, material y espiritual, individual y comunitaria, natural y sobrenatural. Este servicio a la persona es fundamental en una cultura que limita el horizonte del desarrollo al ámbito material o que reduce el alma humana a lo psíquico y emocional. 

Los voluntarios de cáritas son testigos para el mundo de que es posible y hace feliz, la experiencia de la gratuidad, la experiencia de dar gratis lo que gratis hemos recibido del Señor, y de trascender la justicia con la gratuidad y la misericordia.

Pidamos al Señor que surjan vocaciones al servicio de los pobres en nuestra comunidad y que a todos nos conceda tener un corazón de voluntarios, de servidores de la comunidad, de la Iglesia y en la Iglesia, tal como nos lo enseñó el Señor que no vino a ser servido, sino a servir.

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas que aquello que no nos atrevemos a pedir.


Amén.

Oración del voluntario cristiano de Cáritas